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Invitado por el IAP, el catedrático español Fernando Vallespín Oña presenta hoy su libro “Populismo”

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Populismos es un libro inteligente y útil, lleno de referencias interesantes y sugerentes: de Rosanvallon a Habermas y Mair, pasando por Despentes, Eco, Butler y Müller. En ocasiones se echa en falta un análisis más personal de los autores, aunque probablemente la escritura a cuatro manos no lo facilita.

Luis Ruiz Sandoval Frade
Rumbo Nuevo
El estudioso de la política y analista español, doctor Fernando Vallespín Oña, de los mayores académicos especializados en Ciencias Políticas de la Unión Europea, presentará en Tabasco, el día de hoy, su libro “Populismo”, en donde define las acciones en torno a la política, tanto de la Unión Europea como de América Latina. En este sentido, el presidente del Instituto de Administración Pública (IAP) de Tabasco, Juan Filigrana, comentó a Rumbo Nuevo, El Diario de la Vida Tabasqueña que es un honor que el politólogo español venga a Tabasco a presentar aquí para México, su libro “Populismo”, en donde, evidentemente, es una parte fundamental para entender la doctrina política de este presente siglo.
El doctor Fernando Vallespín Oña es catedrático de Ciencias Políticas y Administración, ello en la Universidad Autónoma de Madrid, institución en la que ha desarrollado toda su carrera académica, y que ha ocupado diversos cargos, como vicerrector, director del departamento de ciencias políticas, y del centro de teoría política; de igual forma, en universidades de prestigio y reconocimiento, le abrieron las puertas para impartir su cátedra en diversas universidades, como Harvard, Frankfurt, Heidelberg y Malasia.
Gran parte de su trabajo de investigación se desarrolló con el aval del centro de investigaciones sociológicas, donde fue presidente, así como de la fundación José Ortega y Gasset, la cual, dicho sea de paso, es la institución de mayor prestigio internacional dedicada a la difusión cultural, el debate y la investigación en el ámbito de las ciencias sociales y humanidades.
El politólogo español que estará en Villahermosa el día de hoy, estará presentando este libro para México, junto con el gobernador Arturo Núñez Jiménez, donde se destacó que de sus obras más destacadas son Historia de la Teoría Política, colección compuesta de seis volúmenes; “La Mentira os Hará Libres”; Herramienta para un Cambio de Sistema; Las Consecuencias Políticas de la Crisis Económica; Teoría Política de Platón a Hoover, y varios más que su suma a una muy completa colección de artículos publicados en diversas revistas académicas de circulación en toda la Península ibérica y el resto de Europa.
Se precisó que la obra en realidad no es una ideología política, se trata más bien, de una lógica de acción política, donde la fórmula son los estilos de acción política, la retórica empleada y la manera en la que se aspira hacerse con la hegemonía, son lo más importante.
Por eso, diversos analistas señalan que con ello se puede hablarse de un populismo de izquierda y otra derecha, si los contenidos ideológicos jugaran un papel central, esta extensión no sería posible.
Se precisó que el libro del doctor Fernando Vallespín argumenta que no tiene nada parecido a una teoría del populismo, que se ha abusado de la palabra populismo, hasta el punto de ser en España, la palabra del año, según la fundación BBVA.
Sin embargo, dentro del contexto de la política este término, que genera disputas, porque a cada quien le otorga la interpretación que mejor lo parece.
Por ejemplo, se indicó por estudiosos que en julio del 2016, durante la Cumbre de líderes de América del Norte, se reunieron los presidentes de Estados Unidos y México junto con el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, en donde Peña Nieto dio su punto de vista sobre populismo, en donde, el propio presidente Barak Obama dijo que él era populista.
Por lo cual, en base al argumento de Fernando Vallespín, el pueblo es del discurso populista, que es una unidad a la que se atribuye la última posición dentro de la relación gobierno sociedad.
Por lo que se le conoce como los de abajo, por lo cual, en la mayoría de las ocasiones, el populismo no proclama la voz de los de abajo, proyectando hacia arriba a los tradicionales partidos tanto de izquierda como a los de derecha.
Ante ello, el autor clasifica el populismo en dos tipos de izquierda y derecha, ya que el rasgo fundamental para distinguir el populismo de izquierda del populismo de derecha, está en el modo en el que se concluye su pueblo.
Lo que hace es que se califique como derecha su componente xenofóbico de forma que se presente. Por ejemplo, a los inmigrantes como una amenaza para la entidad de ese pueblo, el reclamo populista se fórmula a partir de la vaga de la indicación de llevar la política al pueblo. Por supuesto, ese reclamo no falta un discurso inaugural de Donald Trump cuando dijo que las emociones de ese día tenían un significado muy especial.
Por eso Fernando Vallespín argumenta que los de abajo son el pueblo, es decir, un determinado grupo de personas delimitadas con ciertas características dentro del imaginario político.
Por lo cual, dentro de este punto, es preciso reconocer que, en su libro, Fernando Vallespín, no se limita a poner un ejemplo, sino que procura que el lector comprenda calidad de su teoría, contextualizando en diversos escenarios políticos, como en Alemania, donde en 2015 un partido reclama para sí ese “nosotros somos el pueblo”, y es a través de un ejercicio auto constitutivo.
Por lo tanto, el autor sostiene que no puede haber populismo sin alguien hablando en nombre del pueblo. Entendido como un todo, pero es apelación al pueblo, que se hace a través de un ideal que le presume moralmente puro, y con una voluntad infalible.
Aparcería, así otro de los puntos centrales del populismo, precisamente por su raíz racista, tan sólo una parte de su pueblo representa realmente al pueblo, por lo cual, de esta forma, el doctor Fernando Vallespín, expone que habría que hablar de una paradoja de dos palabras, populismo y pueblo, que muy acertadamente señala el historiador e intelectual francés Pierre Rosanvallon, cuando dice que el populismo es una aceptación negativa y peyorativa, y sin embargo deriva de aquella otra pueblo que conforma positivamente la democracia.
Por lo cual, se indica que el auge del populismo de extrema derecha en Europa y en el mundo anglosajón, han precipitado la emergencia de explicaciones para entender resultados electorales, como el del break a la elección presidencial de Trump, por lo cual, el tsunami político provocado por estos dos resultados electorales vino acompañado de colapso de enfoques intelectuales, por lo de cuenta de lo que estaba sucediendo.
Algunos politólogos han cuestionado las principales hipótesis explicativas de la elección presidencial para sostener por una victoria encajada con un ciclo actoral que confirma una elección de continuidad ante del realineamiento.
Por lo cual, se considera que esta obra denominada “Populismo”, es una ventana abierta para comprender como otras democracias ajenas a la nuestra, tanto en cultura, dinámica social, política y económica, entre otras muchas características más que coinciden.
No sólo en una elección sino en la forma de tomar las riendas de un gobierno, en su visión de gobernar.

Motivos del libro
Dentro del análisis del libro, se señala que una de las consecuencias de la crisis de 2007-2008, fue la popularización de algunos conceptos y mecanismos económicos.
La irrupción populista de los últimos años, ha creado la necesidad de entender mejor en qué consistía ese fenómeno heterogéneo, fascinante y escurridizo.
Los politólogos Fernando Vallespín y Miriam Martínez-Bascuñán afrontan esa tarea explicativa en Populismos, un libro que tiene algo de guía comentada de un fenómeno que puede suponer una importante amenaza para algunas de las instituciones centrales de la democracia liberal, todas aquellas que velan por el control del poder y la protección del pluralismo social.
En muchos casos no logra ganar, pero sí cambia la discusión pública. Aunque mencionan casos de América Latina, el libro se centra en Estados Unidos y Europa.
La primera parte está dedicada a la definición. La tarea no es fácil por la variedad de formas, su poco contenido teórico, el uso de la categoría para descalificar al adversario y la adopción de algunas de sus estrategias por parte de los partidos del establishment, que se definen como partidos anti populistas.
Una definición mínima que citan es la de Mudde y Rovira: el populismo “es una ideología centrada sobre mínimos –thin-centered– que considera a la sociedad separada básicamente en dos campos homogéneos y antagónicos, el ‘pueblo puro’ frente a la ‘élite corrupta’, y que sostiene que la política debe ser la volonté générale del pueblo”.
Martínez-Bascuñán y Vallespín comparan el populismo con una rémora, en el sentido literal: el pez que se pega al tiburón y se come a los despojos de su comida, pero que a la vez le protege de sus parásitos mutuos.
“El populismo moviliza al electorado, lo cohesiona y lo unifica, y la ideología parasitada dota de mayor contenido discursivo y normativo al movimiento o partido”, escriben.
Para los autores, es una lógica de acción política, responde a procesos de brusco cambio social frente a los que reacciona por medio de una descripción dramática, combina la indignación con la aspiración a la restauración de un orden a través de un pueblo y de la búsqueda de un antagonista: “no hay populismo sin una construcción discursiva del enemigo”, escribió Laclau
Reniega de la visión pluralista de la sociedad, recurre a la emocionalidad y a un discurso simplificador que actúan en una guerra de representaciones.
Desdeña la democracia liberal, que a juicio de Chantal Mouffe se convierte en pura administración: juega con la “heterogeneidad de lo social” y lo “antagónico de la política”. José Luis Villacañas lo ha encapsulado como “Carl Schmitt atravesado por los estudios culturales”. Su concepción del lenguaje es sofisticada; su idea de la democracia se reduce a lo plebiscitario.
La segunda parte explica las razones de su ascenso, su importancia en el clima político y social de los últimos años: el populismo puede empeorar la calidad de las democracias, pero no es lo que produce su crisis.
Uno de los factores decisivos es una erosión de la confianza en la democracia liberal, a la que contribuye la globalización, con sus consecuencias de pérdida de cohesión y debilitamiento de la soberanía.
El neoliberalismo, “más la forma en la que va imponiendo su hegemonía una determinada forma de expansión de la economía, impulsada por el sector financiero, que una ideología política propiamente dicha”, produjo desigualdad y pérdida de autonomía de la política, especialmente visible en la salida de una crisis que no castigó a todos por igual. También se han revelado algunos espejismos: la pretensión de que la globalización y los cambios tecnológicos traían beneficios para todos, de que todos los bienes serían compatibles.
En cierto modo la política –y los líderes carismáticos– regresa, aunque sea en forma de oposición a la política convencional o de anti política.
Se alimenta de una sensación de impotencia, y de miedo, entre la clase media y baja occidental. Martínez-Bascuñán y Vallespín mencionan la pérdida de posición económica (Milanović), la brusca reducción de expectativas (Mudde), el temor ante la pérdida de hegemonía cultural (Inglehart y Norris), una pulsión de resentimiento (Mishra), y sentimientos racistas y xenófobos que cobran un nuevo impulso por el pánico demográfico. Reivindican el poder transformador de las ideas. Trump no se explica en términos económicos, sino de valores, “como un gran backlash cultural de revuelta contra la autoridad, frente a los valores progresistas de posguerra y lo políticamente correcto”.
El lenguaje es un elemento central del populismo. Emplea una retórica simplificadora, se aprovecha de un clima de desconfianza en las instancias mediadoras –desde los parlamentos a la prensa pasando por los expertos– y utiliza con inteligencia las tecnologías comunicativas.
Uno de los capítulos más interesantes es el que aborda la relación de los populismos con la verdad, y con los cambios en la comunicación, así como en el aprovechamiento de sus posibilidades. Se borra la diferencia entre hechos y opiniones, como ha ocurrido en otros momentos; la mentira no recibe castigo y ni siquiera se juzga como tal. No importa lo que es verdad, sino lo que se siente.
Esto está también relacionado con un fenómeno más amplio, que ha descrito Manuel Arias Maldonado en La democracia sentimental y que Daniel Innerarity ha llamado “una alerta emocional permanente en la sociedad”.
Los autores hablan de un momento iliberal, que posibilita el ascenso de estas fuerzas. Describen distintas variedades de populismo y sus cambios a lo largo del tiempo: Syriza, por ejemplo, no entraría en la categoría, y aunque Podemos partía de una reflexión teórica elaborada del concepto, parece haberse alejado de él.
En algunos países el populismo se ha aliado con el nacionalismo autoritario; en otros, solo es populista propiamente en la oposición. Hemos visto algunas consecuencias de cuando alcanza el poder: el deterioro institucional, el clientelismo, la perpetuación de los problemas y la jibarización de la democracia a su aspecto “electoral”: en el populismo, “un pueblo aritmético que representa una porción electoral se sitúa por encima de un cuerpo constitucional que cumple con una función representativa esencial sin la cual no podemos hablar de democracia propiamente dicha: proteger valores, derechos individuales y velar por el equilibrio de poderes intermedios”.
Poco hay que aprender del populismo: donde ha triunfado no ha solucionado los problemas de la democracia liberal, sino que ha puesto en peligro sus logros. Pero en otros momentos se exagera su amenaza. Para los partidos del establishment tiene algo útil: en parte, el populismo surge del discurso que niega la existencia de alternativas. Y, por tanto, se constituye en una alternativa, frente a la que los partidos tradicionales pueden posicionarse, en ocasiones adoptando una retórica simplificadora cercana a aquello que dicen rechazar. Otro efecto del populismo es que modifica la agenda de las otras fuerzas políticas.
Sus demandas pueden ser incorporadas a partidos clásicos. El caso más elocuente es el de ukip. En los Países Bajos, Mark Rutte derrotó al populista Geert Wilders, pero cambió sus posiciones acercándose a él.
Populismos es un libro inteligente y útil, lleno de referencias interesantes y sugerentes: de Rosanvallon a Habermas y Mair, pasando por Despentes, Eco, Butler y Müller. En ocasiones se echa en falta un análisis más personal de los autores, aunque probablemente la escritura a cuatro manos no lo facilita. Para Vallespín y Martínez-Bascuñán, la solución no puede ser la simplificación del populismo, pero tampoco la complacencia en que han caído en ocasiones las democracias liberales: la democracia debe ser más compleja, cohesionada y abarcadora.
Una de las opciones que defienden es el republicanismo cívico, que permite combinar la participación con los principios liberales.
Pero señalan que, entre pequeñas esperanzas como la integración europea, la ideología que más parece crecer no es ni siquiera una ideología, sino un intento de articulación del gran rechazo. Este libro nos ayuda a entender cómo funciona.

Datos De La Editorial
Un espectro recorre las democracias. La vida política de los últimos años ha estado marcada por una nueva polarización entre los partidos representativos del “sistema” de la democracia liberal y un populismo que es presentado como los nuevos bárbaros “ad portas”.
Lo cierto, es que el populismo no es nuevo ni tiene una acepción clara; de hecho, ni siquiera es propiamente una ideología.
Pero ahí está, instituyéndose en uno de los polos en la lucha por la hegemonía política del presente, porque lo único que no ofrece dudas es su desafío a la forma de hacer política que nos acompañaba desde la posguerra.
Y ello, cuando desde hacía un tiempo ya se había detectado en las democracias occidentales un divorcio creciente entre gobernantes y ciudadanos, “fatiga civil”, la falta de alternativas reales.
El presente libro aborda el populismo examinando sus características y variedades, las condiciones y afectos que lo alimentan, y las experiencias más importantes de los últimos años en Estados Unidos, Francia, España.

Fernando Vallespín Oña
Fernando Vallespín, es catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, institución en la cual ha desarrollado la mayor parte de su labor académica y de la que ha sido, además, Vicerrector de Cultura y Director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Derecho de esta Universidad.
Ha sido también profesor visitante en las prestigiosas universidades de Harvard, Heidelberg, Frankfurt, Veracruz y Malasia, además de un activo conferenciante en otras universidades en el ámbito nacional y europeo.
Es un experto en teoría política y en pensamiento político, ha publicado más de un centenar de artículos académicos y capítulos de libros de ciencia y teoría política de revistas españolas y extranjeras.
Asimismo, forma parte de diversos consejos editoriales de diversas revistas -tanto del extranjero como de España- como por ejemplo de FP Edición Española, y es colaborador habitual del diario El País y de algunas terturlias políticas radiofónicas.
De entre sus obras principales, destacan Nuevas teorías del contrato social, El futuro de la política y la Historia de la teoría política que consta de 6 volúmenes.
Ha sido presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas entre 2004 y 2008.
También fue miembro del comité asesor del extinto think tank FRIDE.
En la actualidad es Director Académico del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset y de NovaGob.

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Pellicer, talentoso y humanista

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Estaría orgulloso de la Cuarta Transformación, aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador

En el 125 aniversario del natalicio del poeta Carlos Pellicer Cámara, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que el creador del Museo de La Venta «se sentiría orgulloso» de que en México se trabaja «preferentemente por los pobres y olvidados» del país.

Al dirigir un discurso desde su despacho en Palacio Nacional, cuyo video fue transmitido en tiempo real por las cuentas oficiales de la Presidencia, el Ejecutivo Federal afirmó que el vate al que la poetisa Gabriela Mistral denominó el Poeta de América, también se sentiría orgulloso de que la Cuarta Transformación de México atiende a los humildes de Tabasco.

«Creo que mi maestro se sentiría orgulloso de saber que en su tierra, en su agua y en todo el país, seguimos trabajando con la misma convicción de siempre: la de no hacerle mal a nadie y atender de manera preferente a los pobres y a olvidados de México», expresó.

La alocución del presidente López Obrador fue proyectada en el homenaje a Carlos Pellicer Cámara que el gobierno federal, a través de la Secretaría de Cultura, organizó en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, luego de la suspensión del evento que el propio mandatario, en la mañanera, había anunciado se realizaría este domingo en Villahermosa.

El video que se proyectó en la ceremonia oficial fue grabado por el jefe del Ejecutivo desde la cuarentena tras el contagio de Covid-19 para compartir un texto que escribió con motivo del 125 aniversario del poeta tabasqueño que conoció en el museo de Tabasco en 1973.

En el discurso, el presidente López Obrador incluyó anécdotas que retratan en cuerpo y pensamiento al homenajeado. Entre las personales y de otros personajes como los gobernadores Francisco J. Santamaría y Leandro Rovirosa Wade, contó una que marca la amistad del poeta Pellicer con el periodista Julio César Javier Ruiz, padre del director de Rumbo Nuevo, Jorge Alberto Javier Quero:
«Por esos tiempos hicimos un viaje inolvidable de Villahermosa a las cascadas de Agua Azul en Chiapas, en compañía del periodista Julio César Javier Ruiz, ya finado, conocido como el “Pochitoque” –en Tabasco es común que a todos nos pongan apodo– también nos acompañó Carlos Sebastián Hernández, director del Museo de Tabasco. En todo el camino fue risa y risa, carcajadas del maestro por las ocurrencias y la picardía tabasqueña de Julio César, quien manejaba su auto y llevaba la batuta de la conversación, aunque Carlos Sebastián le hacía segunda en el mismo tono. Pienso que nadie rompía mejor la solemnidad, real o fingida, que siempre caracterizó al maestro Pellicer, y nadie lo ponía de tan buen humor como Julio César, con su ingenio y sus cuentos colorados. De regreso de Agua Azul pasamos a cenar a Palenque en el restaurante de mis padres».

En el discurso de homenaje, el presidente López Obrador recordó al escritor y político como “un hombre talentoso, de probadas convicciones humanistas y libertarias. (…) Su sincero deseo de servir a los más pobres era evidente, real”.

Agregó que era defensor del arte y relató algunas de sus participaciones en la creación de museos y exposiciones.
Además de las aportaciones a la cultura, compartió anécdotas junto al poeta que influyeron en su formación política e ideológica.

“Siempre vinculó su labor intelectual y su obra creativa con la actividad política”, reconoció.

Así también, en el Palacio de Bellas Artes, la doctora Beatriz Gutiérrez Müller; el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández y la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero cancelaron el timbre postal y develaron el Billete de Lotería en homenaje a Carlos Pellicer Cámara.

Además de los funcionarios citados, al evento acudieron el coordinador de Memoria Histórica y Cultural de México, Eduardo Villegas Megías; la directora general de la Lotería Nacional, Margarita González Sarabia; la directora General del Servicio Postal Mexicano, Rocío Bárcena Molina; la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes, Lucina Jiménez López y el consejero de la Memoria Histórica y Cultural de México y sobrino de Carlos Pellicer Cámara, Carlos Pellicer López.

Discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador por el 125 aniversario del natalicio del poeta Carlos Pellicer Cámara:
Este 16 de enero en la celebración del 125 Aniversario del Natalicio del maestro Carlos Pellicer, les comparto este texto que escribí con este motivo.

Cuando conocí al maestro Carlos Pellicer ya era un hombre grande en toda la extensión de la palabra. Se trataba de un escritor consagrado al que Gabriela Mistral había distinguido llamándolo “El poeta de América”.
Entre sus muchas aportaciones al arte y la cultura, fundó el Museo Arqueológico de Tabasco en la época del gobernador Francisco J. Santamaría. Sobre la creación de este museo hay una anécdota graciosa e importante: el 28 de abril de 1952, el maestro Pellicer le escribe al gobernador Santamaría, en un tono de sutil reproche, diciéndole que como no hay dinero para terminar los cuatro salones faltantes y concluir el museo a finales de junio, ha decidido regresar a la Ciudad de México, textualmente le dice: “en el entendido de que tan pronto como ustedes se recuperen económicamente yo volveré con la alegría que he demostrado a ponerme al frente de la organización de nuestro hermoso museo”.
Más tarde, el 20 de agosto de 1952, el gobernador, también maestro en letras e igualmente simpático, le contesta: “Querido Vate: Tengo el gusto de calmar tus inquietudes espirituales por medio de una receta de $5 049.11 (cinco mil cuarenta i nueve pesos once centavos) que en una pastilla, vulgo cheque, medicina u específico original del Dr. Santamaría, te envío para ser despachada por la farmacia del Banco Nacional de Méjico. Espero tu recuperación i pronto retorno i abrázote afectuosamente para que cesen tus lágrimas i adviertas que no nos rajamos.”
Poco después, el maestro Pellicer consiguió trasladar las esculturas monumentales de la cultura madre, de la cultura olmeca, de La Venta, Huimanguillo, Tabasco, para inaugurar el 4 de marzo de 1958 en un terreno de ocho hectáreas a la orilla de la laguna de las Ilusiones de Villahermosa, uno de los más espléndidos y originales museos del mundo; casi al mismo tiempo, creaba el museo de Palenque, trabajo por el cual el arqueólogo Alberto Ruz le envió con una carta adjunta el pago de “sus simbólicos honorarios” de mil 473 pesos.

Asimismo, el maestro Pellicer participó en la fundación de otros museos como el de Tepoztlán, Morelos y el de su amiga Frida Kahlo, inaugurado en julio de 1958; así como el museo regional de la Universidad de Sonora, en 1957. En esa ocasión, hallándose en Hermosillo, escribió el poema sobre la huelga de Cananea. Ese que dice:
Cananea, Cananea
de tus tiros partieron
los primeros alientos de una aurora
que no ha dado la luz que necesito
para decir, de pueblo en pueblo,
que ya no hay tuberculosis producida por hambre
ni banquete de bodas de ciento diez mil pesos…

Aun cuando el maestro Pellicer defendió el arte en libertad, no por consigna, siempre vinculó su labor intelectual y su obra creativa con la actividad política. En su juventud fue activista en la campaña presidencial de su maestro José Vasconcelos, cuando el maximato callista; participó en las brigadas internacionales que fueron a España a defender la república de la sublevación franquista.

El maestro Pellicer se desempeñó por muchos años como presidente del Comité en Defensa y Solidaridad con el pueblo de Nicaragua durante la dictadura de Somoza, y se manifestó y repartió volantes a la llegada a la Ciudad de México del presidente John F. Kennedy en protesta por la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba.

En fin, cuando conocí al maestro Pellicer yo estudiaba la preparatoria en Villahermosa y él era un hombre talentoso y de probadas convicciones humanistas y libertarias.

Lo vi por primera vez en el antiguo Museo de Tabasco, ubicado en la Plaza de Armas de Villahermosa; vivía –porque era un hombre humilde, estoico– debajo de una escalera, allí tenía su catre y una caja como buró; lo recuerdo con su camisa de manta, huaraches, sombrero y lentes negros. El trato más cercano y constante lo tuvimos cuando me trasladé a la Ciudad de México para estudiar Ciencias Políticas en la UNAM; corría el año de 1973, que me marcó para siempre porque sentí a profundidad la desdicha del golpe de Estado contra el presidente de Chile, Salvador Allende, víctima de la dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet.

Contaré algunas de muchas anécdotas que guardo de esos tiempos del maestro Pellicer.
Recuerdo que en una Navidad fui a visitarlo a la calle de Sierra Nevada en las Lomas de Chapultepec, y luego de hablar de asuntos políticos, de piezas arqueológicas que llenaban su casa, falsas o auténticas pero bellísimas, y del nacimiento que año con año montaba para el disfrute de muchos; al despedirme me entregó un rollito de billetes que fueron mi felicidad, porque en esos tiempos, como decíamos, traíamos “hambre vieja”.

Aunque no era mucho, el dinero alcanzó para invitar a Isidoro Pedrero Totosaus, a Ever Sánchez Alejandro, a Carlos Cerino Marín, David Izquierdo Mayo y otros amigos, a comer gallina con rabadilla en los famosos “Caldos Zenón”, ubicados cerca de la calle de Violeta, en la colonia Guerrero, donde vivíamos 80 jóvenes becados con hospedaje y de vez en cuando o de manera periódica, alimentación en la Casa del Estudiante Tabasqueño.

Tampoco podría olvidar la vez que lo acompañé a una entrevista con el ingeniero Leandro Rovirosa Wade, quien era entonces secretario de Recursos Hidráulicos y fue, posteriormente, gobernador de Tabasco. La audiencia tenía como propósito conseguir que se hicieran bordos y muros para proteger de inundación al nuevo museo que se estaba construyendo a la orilla del río Grijalva; en esa ocasión, por mi imprudencia juvenil y por mi radicalismo, cuestioné fuerte, duro al ingeniero Rovirosa por lo del Plan Chontalpa.

Sin embargo, el ingeniero Rovirosa, como gran ser humano que era, me tuvo paciencia, fue compresivo y tolerante, como lo sería después cuando fui director del Centro Coordinador Indigenista Chontal durante su gobierno. A la salida de la oficina del ingeniero Rovirosa, en un tono serio, simulando enojo, el maestro Pellicer me expresó “a usted don Andrés –porque así me decía– no lo vuelvo a traer a estos acuerdos”.

Por esos tiempos hicimos un viaje inolvidable de Villahermosa a las cascadas de Agua Azul en Chiapas, en compañía del periodista Julio César Javier Ruiz, ya finado, conocido como el “pochitoque” –en Tabasco es común que a todos nos pongan apodo– también nos acompañó Carlos Sebastián Hernández, director del Museo de Tabasco. En todo el camino fue risa y risa, carcajadas del maestro por las ocurrencias y la picardía tabasqueña de Julio César, quien manejaba su auto y llevaba la batuta de la conversación, aunque Carlos Sebastián le hacía segunda en el mismo tono. Pienso que nadie rompía mejor la solemnidad, real o fingida, que siempre caracterizó al maestro Pellicer, y nadie lo ponía de tan buen humor como Julio César, con su ingenio y sus cuentos colorados. De regreso de Agua Azul pasamos a cenar a Palenque en el restaurante de mis padres.

Cuando lo nombraron candidato a senador por Tabasco tuvimos alguna diferencia, pues según yo, como lo sostuvo entonces el ingeniero Heberto Castillo, el maestro Pellicer “había dado su brazo a torcer”.

Recuerdo que el día del destape o nominación, en el Ovaciones de la tarde, el gran novelista Juan Rulfo, no sé todavía si con autenticidad o ironía, declaró que con el maestro Pellicer como senador le iría muy bien a México, o algo por el estilo; cuando vi al maestro le pregunté, con ánimo de provocarlo, de picarlo, si sabía de lo dicho por Rulfo, si había visto la entrevista, y haciéndose el desatendido con su vocerón y seriedad fingida, me reviró: “¿y quién es ese?”.

Finalmente, estuve con él en 1976, en la campaña por los pueblos de Tabasco; su sincero deseo de servir a los más pobres era evidente, real; repetía y repetía: voy a ser senador de los chontales. Desde antes de tomar posesión del cargo de senador, planteó que iba a vender su colección de paisajes de José María Velasco, valuada en 7 millones de pesos, de aquellos tiempos, y que con ese dinero se haría una fundación o fideicomiso para ayudar a los pueblos indígenas de Tabasco. Sin embargo, poco después entraron a su casa, maniataron a Chavelita, su fiel acompañante y ama de llaves, y se robaron las pinturas; a partir de entonces se entristeció mucho y cayó en cama.

Unos días antes de morir lo visité. Estaba postrado pero platicamos; tenía la esperanza de recuperarse; me pidió vernos dos días después con el propósito de buscar una alternativa para lo del fideicomiso para los pueblos chontales; le dije que no se preocupara, que primero era su salud, y él me insistió porque realmente tenía la preocupación por la gente pobre. Por la mañana del 16 de febrero de 1977, día en que volveríamos a encontrarnos, me enteré que había muerto.

Termino diciendo que unos meses ante de su partida, en una entrevista, había confesado: “yo fui político de calle durante toda mi vida. Soy socialista y creo en la igualdad de los humanos. Me entristece la pobreza de la mayoría y la riqueza de unos cuantos. Pienso que poco a poco el mundo entero y, por supuesto, México, alcanzarán la justicia”.

Creo que mi maestro se sentiría orgulloso de saber que en su tierra, en su agua y en todo el país, seguimos trabajando con la misma convicción de siempre: la de no hacerle mal a nadie y atender de manera preferente a los pobres y a olvidados de México.

Muchas gracias.
Luis Enrique Martínez
Rumbo Nuevo

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