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Triste escenario

Juan Ochoa Vidal
juan_ochoa45@hotmail.com
El primero de enero de 2019, la entonces nueva administración estatal entró en funciones en las peores condiciones que se recuerden, tal como le sucedió a los alcaldes que asumieron el cargo el 5 de octubre de 2018. Han sido casi 23 meses muy difíciles. Primero el nulo crecimiento económico con ese antecedente y también por lo vivido en el entorno global, y este año por la pandemia.

Los mejores augurios de los analistas económicos refieren que incluso cuando el impacto en la economía no ha sido tan grave como se pensó hacia abril o mayo, el país cerrará 2020 con números rojos, muy por debajo de los niveles del Producto Interno Bruto en que nos encontrábamos en diciembre pasado, si bien no en el peor escenario de catástrofe.

Tabasco ya estaba en muy serios problemas hace dos años, con cancelación de expectativas al corto plazo para quienes anhelamos oportunidades de empleo, mejores ingresos y recuperación. En la fecha actual tenemos ante sí una situación de desastre natural y no se tiene claro para cuándo mejorarán las cosas de manera substancial.

Por desfortuna, anteriores gobiernos hicieron alguna obra pública, aunque desatendiendo rubros esenciales como el de la infraestructura de drenaje y agua potable, carreteras y caminos secundarios, al igual que mantenimiento y construcción de escuelas, etcétera, y con sinvergüenzadas.

Sin embargo, de nada sirven los lloriqueos, cuando un saqueador como Andrés Granier se da el lujo de promoverse para ser otra vez alcalde, en tanto que Arturo Núñez y compinches disfrutan de lo mal habido.

Resulta ocioso esperar a que haya procesos penales y administrativos en contra de los pillos. Más aún, especular con que van a devolver lo robado. Pareciera que ni siquiera se actuará en contra de pícaros como el ex alcalde de Macuspana, José Eduardo Rovirosa. Su homólogo contemporáneo de Tenosique, Francisco Abreu, ya hasta anda en campaña para volver a ser candidato a la alcaldía.

La pregunta es simple y a la vez compleja: ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo lograremos salir del profundo barranco en el que primero caímos y luego nos ahogamos con la gran inundación -la interminable en la medida en que sigue lloviendo y ahora hay más damnificados- y sus consecuencias en la economía personal, familiar, pública?

Los daños son incalculables. Pero no solo los acumulados en octubre y noviembre -desde finales de mayo, en el caso de Balancán en donde ha llovido y llueve sobre mojado- sino también los que se derivan de la pandemia, del cierre de empresas no nada más a causa del coronavirus.

Se sabe que, en lo referente a las finanzas públicas, este año fue de apretón de cinturón y que en el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2021 se contemplaron medidas de austeridad todavía más severas.

Sin afán de ser pesimistas, porque al final de cuentas no hay mal que dure para siempre, el panorama que tenemos ante nosotros es muy triste. En un sinnúmero de hogares falta o escasea la comida. Cunde la desesperanza. La recaudación propia de los ayuntamientos y del propio gobierno estatal está por los suelos.

¿Cuántos tabasqueños podrán ponerse al corriente en el pago de impuestos? ¿Qué podemos esperar? ¿Cómo podremos lograr condiciones mínimas de certidumbre, de confianza?

Por lo que respecta a la pandemia, fluye información que alienta porque confirma que sí habrá vacuna. No nos encontramos en un escenario de descontrol de la inflación, aunque sí de abuso por parte de los tiburones del comercio que ha reetiquetado todo. El mercado cambiario está estable.

De cualquier manera, el escenario al corto, mediano y largo plazo -los siguientes cinco años, según los expertos- es preocupante. Hay economistas que advierten que al finalizar el presente sexenio quizá se logre la recuperación a los niveles en los que se estuvo seis años antes.
Hoy, como nunca, urgen señales claras de aliento.
Twitter: @JOchoaVidal

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Columnista

Minipoemario Lunar: REGULAR II

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Heberto Taracena Ruiz

Espectáculo de espectáculos,
el fútbol todo lo acapara
junto con Maradona,
¿y las drogas?

La publicidad nos asuela
a tanto matraqueo
sin medio tiempo.

Terminamos todos
vestidos de luto
como lo haría el planeta.

La Casa Rosada
hoy es casa negra
de contrastes.

Los oídos no tienen
ecos para otros árbitros
que no sean:
fútbol y Maradona.

Si Charles Baudelaire
fue poeta maldito
de excepcionales dotes,
¿alguno lo recuerda?

Si Maradona
fue jugador maldito
hoy día resulta
santificado
por medios delirantes.

Cómo desconocer
tan versátil destreza
para hacer del balón
su portería…

Nadie regatearía,
ahora que ha muerto,
sus aptitudes.

Porque no es un Dalí,
ni un da Vinci,
ni un Artur Rimbau
precoz;
Maradona envolvió
emociones
enloquecidas
como él mismo,
ambivalente:
mitad fútbol, mitad drogas.

Que como resultado
de la beatificación
por la muerte
que todo lo perdona,
bien sería que jóvenes
secundaran al ídolo
tan sólo en lo tocante
a su movilidad
dentro del área.
¿Por qué no?

Lo verdaderamente
repugnante
pudiera ser
fumar sus adicciones,
dizque con fines lúdicos…

Cunduacán, Tab., a 25 de noviembre de 2020

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